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Historias de Santos: holywins

Por Clara Milano.

Historias de Santos: holywins
El Diario Sur

Cada domingo escribo en este espacio reflexiones sobre la historia de algún santo o santa. Sin embargo, en esta oportunidad no puedo dejar pasar la festividad que creo que es el corazón de esta columna y tiene lugar hoy. Estoy hablando del Día de todos los Santos, también conocido como: “holywins” (“la santidad vence”, en un juego de palabras como contraposición a halloween).

No quiero gastar estos pocos renglones con una demonización de halloween, aunque claramente no estoy de acuerdo con esta celebración. Prefiero contarles por qué el Día de todos los Santos me parece tan importante: básicamente, porque creo que es a lo que todos estamos llamados.

Entiendo que la palabra santidad puede generar rechazo en muchos, por eso me gustaría dejarles la explicación de Santa Teresita del Niño Jesús al respecto: “La santidad no consiste en tal o cual práctica. Consiste en una disposición del corazón que nos vuelve humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre”.

No suena tan mal ni tan lejano, ¿no? Con el tiempo entendí que los santos son santos porque tuvieron esta disposición del corazón, la cual les permitió amar mucho, cada uno con su historia y a su manera. La santidad no se reduce a los milagros ni a los fenómenos extraordinarios, sino que sobre todo se manifiesta en la capacidad de hacer concreto el amor a Dios y a los demás A esto nos invita la Iglesia siempre, y más en este día.

Una vez escuché algo que me quedó grabado: cuando hablamos de perfección en torno a un objeto, hablamos en torno a su uso para lo que fue creado. Por ejemplo, un sillón fue creado para que podamos sentarnos cómodos. Su “perfección” se mide en torno a esa función. Lo mismo sucede con nosotros, los seres humanos: fuimos creados para amar, y cuanto más amamos más nos acercamos a esa perfección, como lo hicieron los santos de los altares y tantos otros que desconocemos. Ojalá nos animemos, como ellos, a vivir con un corazón disponible.

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